Viernes @ Azkena Rock Festival (Vitoria)
19 de Junio 2026
Fotos: Alice Cooper + Sugar + Circle Jerks + Los Enemigos + Evaristo + Old Crow Medicine Show + Voivod + The Dwarves + The Damn Truth + The Del Fuegos + Tropical Fuck Storm + Cavegirl & The Neandergals + Bywater Call
El viernes del Azkena fue de esos días en los que el cartel parecía hecho por alguien que había mezclado todos los géneros del rock en una batidora y había dicho: “venga, a ver qué pasa”. Soul, blues, punk, country, psicodelia, hardcore, metal, garage… y, por supuesto, Alice Cooper haciendo de Alice Cooper.
Y lo mejor es que el día empezó bastante lejos de Mendizabala.
A mediodía, Bywater Call se encargaron de llevar el espíritu del Azkena hasta la Plaza de la Virgen Blanca. Una banda canadiense que se mueve entre el soul, el blues y el rock de raíces, con Meghan Parnell al frente y una voz que no necesita precisamente subir el volumen para hacerse notar.
Fue un comienzo bastante elegante para lo que vendría después. Guitarras, sección rítmica con mucho groove y ese punto sureño que hacía que el concierto pegara perfectamente con una cerveza en la mano y el sol cayendo encima.
Un Azkena diferente, pero muy Azkena.
A partir de la tarde empezó el clásico problema del festival: querer estar en tres escenarios a la vez.
Los madrileños The Black Maracas pusieron la dosis de psicodelia y fuzz. Guitarras bastante gruesas, atmósferas hipnóticas y un sonido que no iba precisamente buscando la canción de tres minutos para cantar en el coche.
Buen comienzo para ir entrando en faena.
Los míticos The Del Fuegos se subían al escenario para ofrecer su Rock americano de raíces, guitarras y ese aire de banda que podría estar tocando perfectamente en un bar perdido de carretera.
Un concierto muy de Azkena: rock clásico, actitud y canciones que suenan mejor cuanto más cerveza llevas encima.
Turno para The Damn Truth, uno de los grupos que más claramente demostraron que el rock setentero no tiene por qué sonar a museo.
The Damn Truth llevan esa influencia clásica, pero con bastante mala leche y energía. Además, el tiempo no se lo puso fácil y tuvieron que lidiar con la tormenta, pero dejaron canciones como “All Night Long” y “This Is Who We Are Now”.
Corto, intenso y al grano.
Mientras tanto, Trashville seguía siendo ese lugar al que vas “un momento” y del que luego sales hora y media después.
Cavegirl + The Neandergals llevaron el garage a su versión más primitiva. Punk, suciedad y actitud cavernícola. Música para recordar que en el Azkena no todo tiene que sonar bonito.
La baja de los estadounidenses Counting Crows dejó hueco y fueron Los Enemigos quienes acabaron ocupando su lugar. Y, sinceramente, viendo el ambiente del festival, fue el mejor plan B.
Con Josele Santiago al frente, Los Enemigos son una de esas bandas que parecen hechas para tocar en un festival como el Azkena: rock en castellano, guitarras con mala leche y canciones que ya forman parte del imaginario del rock estatal.
Temas como “Septiembre”, “La cuenta atrás”, “John Wayne” o “Desde el jergón” tienen ese equilibrio entre rock, melodía y una cierta sensación de derrota elegante que les queda de maravilla.
Y además está ese factor que no se puede planificar: ver a una banda española histórica sustituyendo a última hora a un grupo americano y que el público responda. No era lo previsto, pero acabó funcionando.
Los suecos Hällas aparecieron con su particular mezcla de rock progresivo, psicodelia y hard rock setentero.
Lo suyo es bastante más teatral y aventurero que el rock convencional. “The Emissary”, “Star Rider” y compañía son de esos temas que te hacen sentir que en cualquier momento va a aparecer un mago detrás de los amplificadores.
Rock para gente que quiere imaginarse una aventura fantástica mientras mira un solo de guitarra.
Y entonces llegó Old Crow Medicine Show, que montaron una fiesta de country y bluegrass en mitad de Mendizabala.
Banjo, violines, guitarras, coros y músicos entrando y saliendo de la canción con una energía tremenda. “Wagon Wheel” era, obviamente, uno de esos momentos que todo el mundo estaba esperando, pero lo bueno fue que el concierto no dependió únicamente de ese clásico.
“Tell It to Me” y “Methamphetamine” también pusieron la cosa patas arriba.
Un concierto de los que consiguen que gente que probablemente no escucha bluegrass habitualmente termine bailando como si hubiera nacido en Nashville.
Y si Old Crow Medicine Show era fiesta, Circle Jerks eran directamente una pelea.
Hardcore punk californiano a toda velocidad. “Deny Everything”, “Beverly Hills” o “When the Shit Hits the Fan” fueron gasolina para un público que ya venía calentito.
Cincuenta minutos de guitarras, gritos, sudor y gente saltando. Lo normal.
Uno de los momentos importantes del viernes fue Sugar, con Bob Mould recuperando un repertorio que sigue sonando sorprendentemente fresco.
“A Good Idea”, “Hoover Dam” y “Your Favorite Thing” fueron algunos de los golpes fuertes del concierto.
Lo mejor de Sugar es que tienen esa combinación difícil de conseguir: canciones tremendamente melódicas y guitarras capaces de arrasarlo todo en cuanto entra el estribillo.
Y teniendo en cuenta el tiempo que llevaba la banda sin pasar por aquí, era uno de esos conciertos que había que tachar sí o sí.
Pregunta legítima.
HENGE son difíciles de explicar sin que parezca que te estás inventando el grupo. Electrónica, rock, humor, estética espacial y una especie de rave extraterrestre.
Pero precisamente por eso funcionan tan bien en Trashville. Mientras en otros escenarios tienes guitarras y rock clásico, aquí tienes la sensación de que has entrado accidentalmente en una fiesta organizada por alienígenas.
Y sinceramente, para eso está Trashville.
The Temperance Movement tiraron por el camino del rock clásico pero con sonido actual.
Guitarras, riffs, melodías y bastante músculo. “Caught in the Middle” fue uno de esos momentos que resumen perfectamente su propuesta.
No hacía falta reinventar nada. A veces simplemente hay que tocar rock bien.
Aquí ya entramos en territorio peligroso.
Tropical Fuck Storm son para cuando quieres rock, pero no necesariamente quieres que el rock tenga sentido.
Punk experimental, ruido, cambios inesperados y una sensación permanente de que la canción se va a desmontar en cualquier momento.
Y cuando parecía que se había desmontado, ellos seguían tocando.
A estas alturas de la noche ya empezaba a ser difícil distinguir entre “voy a ver un concierto” y “voy a sobrevivir al festival”.
The Dwarves aportaron punk rápido, provocador y sin demasiadas ganas de pedir permiso.
Trashville en estado puro.
Y después llegó Evaristo, que juega con una ventaja importante: tiene un repertorio que buena parte del público conoce palabra por palabra.
Cuando arrancó con “Salve”, ya estaba claro que aquello iba a ser más una celebración colectiva que un concierto para mirar tranquilamente desde atrás.
La Polla Records forma parte de la educación sentimental de varias generaciones y canciones como “Salve” o “Esclavos del siglo XXI” siguen teniendo una capacidad brutal para hacer que todo el mundo termine con el puño arriba.
Aquí no se vino a escuchar. Se vino a cantar.
Y entonces apareció Alice Cooper.
78 años y todavía con ganas de montar un espectáculo que parece salido de una película de terror de serie B. Guillotina, monstruos, sangre falsa, teatralidad y un repertorio lleno de clásicos.
“I’m Eighteen”, “No More Mr. Nice Guy”, “Billion Dollar Babies”, “Poison”, “Feed My Frankenstein” y “School’s Out” fueron algunos de los grandes momentos.
Y lo mejor es que Alice no se limita a tocar las canciones: las interpreta. El concierto es mitad rock y mitad teatro, con el escenario convertido en una especie de circo macabro.
Y cuando parecía que ya estaba todo dicho, aparecieron los guiños a Pink Floyd y Nirvana antes de rematar con “Under My Wheels”.
Una forma bastante apropiada de cerrar un viernes del Azkena: con el escenario convertido en un manicomio y Alice Cooper al mando.
Si hubiera que resumirlo en una frase sería algo así:
un día que empezó con soul en la Virgen Blanca y terminó con Alice Cooper, pasando por country, punk, garage, psicodelia, rock alternativo y una invasión alienígena por el camino.
Y además tuvo uno de esos cambios de última hora que terminan formando parte de la historia del festival: Counting Crows fuera y Los Enemigos dentro.
Así que sí: mucho calor, mucha cerveza, muchas guitarras y bastante más correr de escenario en escenario de lo que cualquier persona razonable debería hacer.






































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































