Sábado @ Azkena Rock Festival (Vitoria)
20 de Junio 2026
Fotos: Social Distortion + Jason Isbell & The 400 Unit + Superchunk + Carpenter Brut + Sleaford Mods + Split Dogs + Discharge + Starbenders + The Backyard Casanovas
El sábado 20 de junio, última jornada del Azkena Rock Festival, Mendizabala volvió a convertirse en ese pequeño territorio donde las etiquetas duran poco y el rock puede adoptar casi cualquier forma. Desde el punk callejero hasta el country de raíz, pasando por el post-punk, el hardcore, el metal industrial o la electrónica oscura, la jornada fue una sucesión de contrastes. Y precisamente ahí estuvo buena parte de su atractivo: no había una única manera de vivir el festival.
La tarde arrancó con Lepora, encargados de abrir el escenario God a las 17:30. Después llegó Superchunk, uno de los nombres que mejor representan esa tradición alternativa estadounidense que el Azkena lleva años reivindicando. A las 19:20, la banda de Mac McCaughan convirtió Mendizabala en una celebración de guitarras nerviosas y melodías inmediatas. Entre los temas que formaron parte de su repertorio estuvieron «Slack Motherfucker», «Hyper Enough», «Hello Hawk» y «What a Time to Be Alive».
Mientras tanto, en otros escenarios el festival multiplicaba las posibilidades. Vandoliers aportaban su mezcla de punk y country; Rodeo, Split Dogs y Starbenders iban endureciendo progresivamente el ambiente; y en Trashville aparecían propuestas mucho más inclinadas hacia el folk oscuro y la estética de culto. El resultado era el habitual efecto Azkena: caminar diez minutos podía equivaler a cambiar completamente de festival.
Uno de los momentos más esperados llegó con Social Distortion. Mike Ness y los suyos subieron al escenario God a las 21:40 y recurrieron a buena parte del repertorio que ha convertido a la banda en una institución del punk rock californiano. Sonaron «Mommy’s Little Monster»,»The Creeps», «Ball and Chain», «Story of My Life», «Reach for the Sky» y «Don’t Drag Me Down», entre otros.
La grandeza de Social Distortion estuvo menos en la sorpresa que en la capacidad para hacer que canciones con décadas de historia siguieran funcionando como canciones presentes. «Story of My Life» fue uno de esos momentos en los que el público ya no necesita instrucciones: basta con reconocer los primeros compases para que miles de personas canten a la vez.
A esas alturas, el sábado ya había demostrado que no iba a tener un único protagonista. Sleaford Mods, programados a las 20:25, llevaron al Azkena su particular combinación de bases electrónicas, spoken word y actitud punk. Su gira de 2026 estaba vinculada al repertorio de «The Demise of Planet X», aunque el registro del concierto de Vitoria no conserva por ahora el listado completo de canciones.
Y después llegó uno de los conciertos más elegantes de la jornada: Jason Isbell and the 400 Unit. A las 23:15, el estadounidense ofreció una de esas actuaciones que obligan a bajar el volumen del festival interior para escuchar cada detalle. «It Gets Easier», «24 Frames», «Gravelweed», «True Believer» y «If We Were Vampires» aparecieron junto a dos canciones de Drive-By Truckers, «Decoration Day» y «Danko/Manuel». El tramo final pasó por «King of Oklahoma», «Cover Me Up» y «This Ain’t It». Isbell representó quizá el contraste más hermoso de la noche. Allí donde otros grupos buscaban levantar el polvo, él apostó por las historias, las guitarras y la emoción contenida. «If We Were Vampires» fue especialmente representativa de ese carácter: una canción que funciona precisamente porque no necesita convertirse en un himno gigantesco para llenar un escenario.
En paralelo, Alcalá Norte demostraron por qué su presencia en el festival tenía sentido. El grupo madrileño apareció de madrugada, alrededor de las 1:55, y convirtió el escenario Respect en una fiesta de guitarras angulosas y canciones que ya se han convertido en pequeñas piezas de culto. En su repertorio aparecieron «Dr. Kozhev», «Supermán», «420N», «La sangre del pobre», «El Hombre Planeta», «El rey de los judíos (Un cosquilleo)», «La calle elfo» y «Los chavales».
Pero el Azkena todavía guardaba una de sus cartas más particulares. Carpenter Brut, ya pasada la medianoche, trasladó el festival a un universo completamente diferente. El francés convirtió Mendizabala en una pista de baile imaginaria construida con sintetizadores, oscuridad y una estética que bebe tanto del cine de terror como del metal y la cultura de los videojuegos. Entre las piezas habituales de esta etapa aparecieron «Turbo Killer», «Roller Mobster», «The Misfits / The Rebels» y «Disco Zombi Italia».
La sensación era extraña y, precisamente por eso, muy Azkena: después de pasar por Social Distortion y Jason Isbell, el festival podía terminar hablando el lenguaje de la electrónica instrumental sin que pareciera una ruptura total.
Y todavía quedaba Therapy?. La banda irlandesa actuó de madrugada con un repertorio centrado en «Troublegum», y volvió a demostrar que aquel disco de los noventa conserva una pegada extraordinaria. «Stop It You’re Killing Me», «Isolation», «Turn, Trigger Inside», «Brainsaw», «Unbeliever», «Femtex», «Hellbelly» y «Die Laughing» formaron parte de un concierto que llevó al público hacia un territorio mucho más físico.
En los escenarios secundarios, mientras tanto, la noche seguía creciendo con Discharge, Lady Banana, Bridge City Sinners, Bloodsucking Zombies From Outer Space, Capitán Entresijos feat. Garganta Profunda y CUIR. No eran simples complementos de la programación principal: funcionaban como las distintas habitaciones de una misma casa, cada una con su propia temperatura.
Cuando el sábado empezó a convertirse definitivamente en domingo, el Azkena ya había recorrido casi todo su mapa musical. Punk, americana, power pop, post-punk, hardcore, electrónica y metal habían convivido durante horas sin necesidad de justificarse mutuamente.
Ese fue, probablemente, el gran triunfo de la última jornada: el Azkena no intentó decidir qué debía ser el rock. Dejó que Social Distortion lo gritara, que Isbell lo contara, que Superchunk lo acelerara, que Sleaford Mods lo escupiera, que Therapy? lo endureciera y que Carpenter Brut lo transformara en una película nocturna.
Y, cuando finalmente las luces empezaron a apagarse en Mendizabala, quedó esa sensación tan propia del festival: la de haber asistido no a una colección de conciertos, sino a una jornada entera de música vivida a distintas velocidades.






































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































