NOS ALIVE 2026 @ ALGÉS (PORTUGAL)

Por Robbie Ramone
24/07/2026

 Nos Alive 2026 @ Algés (Portugal)

9 de Julio 2026

Fotos: Nick Cave And The Bad Seeds + Matt Berninger + Alabama Shakes + Dogstar + Linka Moja

El jueves 9 de julio, el NOS Alive abrió su decimoctava edición en el Passeio Marítimo de Algés con una de esas jornadas capaces de convertir un festival en un pequeño mapa de estados de ánimo. Había rock, soul, blues, electrónica, indie y pop; había artistas que regresaban después de años de ausencia y otros que se presentaban por primera vez ante el público portugués. Y, sobre todo, había una sucesión de conciertos que fue llevando al público desde la energía juvenil de The Royston Club hasta la intensidad casi espiritual de Nick Cave, antes de entregar la madrugada a la fiesta de Twenty One Pilots.

La jornada tuvo como grandes nombres a Nick Cave & The Bad Seeds y Twenty One Pilots en el Palco NOS, mientras que el Heineken reunió una combinación particularmente atractiva con Dogstar, Alabama Shakes, Xinobi y Matt Berninger. En el WTF Clubbing, Linka Moja aportó una de las propuestas emergentes de la tarde.

A las siete de la tarde, el WTF Clubbing recibió a Linka Moja, una de las propuestas que mejor encajaban en el espíritu de descubrimiento de un festival. Su música mezcla folk, rock y soul con influencias del rock alternativo de los noventa y una actitud más cercana al pop-rock contemporáneo. El propio festival destacaba entre sus influencias a Nirvana, Red Hot Chili Peppers, Coldplay, Paramore y No Doubt. 

Fue, en cualquier caso, una actuación de presentación: suficiente para dejar claro que Linka Moja tiene algo que decir y que su lugar en el cartel no respondía únicamente a la condición de promesa.

Unos minutos después, el Heineken empezaba a llenarse para recibir a Dogstar. La presencia de Keanu Reeves al bajo era, inevitablemente, uno de los grandes reclamos: era la primera actuación de la banda en Portugal y cientos de curiosos acudieron para comprobar hasta qué punto el grupo podía sostenerse por sí mismo más allá de la celebridad cinematográfica de su bajista. 

La respuesta fue un concierto de rock alternativo relajado, compacto y sin excesos. Reeves mantuvo una actitud discreta, concentrado en el bajo y en el funcionamiento del trío, mientras Bret Domrose asumía buena parte del protagonismo vocal. La banda recorrió principalmente su material reciente y consiguió que la conversación pasara poco a poco de “Keanu Reeves toca en una banda” a “Dogstar está tocando una banda”. 

El repertorio fue amplio: “Siren”, “Joy”, “Wing”, “How the Story Ends”, “Everything Turns Around”, “This Sphere”, “Math”, “The Whisper”, “Exalted”, “Runway”, “What Is”, “Marmalade”, “All in Now”, “Punch the Sky”, “Shallow Easy” y “Breach”. La mayoría procedía de All In Now, con algunas recuperaciones de Somewhere Between the Power Lines and Palm Trees. 

No fue el concierto más revolucionario del día, pero sí una presentación honesta: Dogstar funcionó como banda de rock y Reeves, lejos de intentar robar protagonismo, parecía querer demostrar precisamente eso.

Si había un concierto que fue creciendo hasta convertirse en una de las grandes sorpresas de la jornada, ese fue el de Alabama Shakes. El regreso de la banda de Athens, Alabama, era uno de los acontecimientos del jueves y el público respondió llenando el Heineken. La voz de Brittany Howard volvió a ser el centro absoluto: blues, soul, rock, gospel y R&B atravesados por una interpretación física y emocionalmente desbordante. 

La banda abrió con “Rise to the Sun”, seguida por “Hang Loose” e “I Ain’t the Same”, y rápidamente quedó claro que no se trataba de una simple operación nostálgica. “Future People”, “Guess Who”, “This Feeling” e “I Found You” recuperaron buena parte de la identidad de sus dos grandes discos, Boys & Girls y Sound & Color. 

Pero el momento especialmente significativo llegó con “Feel Hope Coming”, nueva canción que el grupo presentó durante su regreso y que anticipa el nuevo material de Alabama Shakes. Después llegó uno de esos momentos en los que un festival entero parece convertirse en una sola voz: “Hold On”.

El tramo final fue demoledor: “Another Life”, “Dunes”, “Sound & Color”, “American Dream”, “Gimme All Your Love” y “Don’t Wanna Fight”. La combinación de la guitarra de Howard, su voz y una banda que sabe cuándo contenerse y cuándo explotar convirtió el concierto en uno de los grandes triunfos del jueves. 

Y entonces llegó Nick Cave.

A las 21:15, el Palco NOS dejó de parecer un escenario de festival para transformarse en un teatro. Cave apareció con esa mezcla de elegancia, amenaza y vulnerabilidad que lleva décadas convirtiendo sus conciertos en ceremonias. Lo extraordinario es que, incluso en un recinto multitudinario, consiguió generar una sensación de intimidad. El escenario prolongado hacia el público le permitió acercarse a las primeras filas, tocar manos, mirar a los espectadores y convertir la distancia entre artista y audiencia en algo casi inexistente. 

El concierto arrancó con “Get Ready for Love”, una entrada explosiva antes de viajar hacia “From Her to Eternity”, “Train Long-Suffering”, “Wild God”, “O Children” y “Tupelo”. El repertorio no se limitó a Wild God: fue una panorámica de distintas etapas de la carrera de Cave. 

Uno de los momentos más conmovedores llegó con “Joy”, seguida por “Rings of Saturn”. Después, el concierto recuperó parte de su lado más oscuro con “Henry Lee”, “The Mercy Seat” y “Papa Won’t Leave You, Henry”. La intensidad volvió a subir con clásicos como “Red Right Hand” y “Jubilee Street”. 

El final fue especialmente significativo. Tras “City of Refuge” y “Wide Lovely Eyes”, Cave regresó para interpretar “Into My Arms” al piano y en solitario. La canción, desnuda de artificios, funcionó como una especie de oración colectiva después de más de dos horas de intensidad.

El concierto tuvo 19 canciones y superó las dos horas, una duración extraordinaria para un festival. Cave no necesitó pirotecnia: su cuerpo, su voz y la relación física con el público fueron el espectáculo.

Después de Cave, cualquier concierto tenía una tarea complicada: recoger los pedazos. Matt Berninger encontró una solución completamente distinta. Si Cave había llevado al público hacia el drama y la catarsis, el cantante de The National optó por la conversación, la ironía y la melancolía.

Su concierto comenzó con “No Love”, seguida de “Frozen Oranges” y “Distant Axis”. El repertorio se movió principalmente entre sus discos en solitario, especialmente Get Sunk y Serpentine Prison, pero también recuperó canciones de The National.

Hubo espacio para “Type It Up”, “Martini Me Fatso”, “Walking on a String”, “One More Second” y “Nowhere Special”. Berninger aprovechó además para abandonar el escenario y caminar entre el público gracias al sistema inalámbrico del concierto. Esa cercanía, lejos de parecer una maniobra calculada, encajó con su manera algo torpe, irónica y entrañable de comunicarse con la audiencia. 

Y cuando llegaron “Gospel”, “Slow Show” y “Terrible Love”, el Palco Heineken se convirtió en territorio The National. No era simplemente nostalgia: eran canciones que, en la voz grave de Berninger, adquirían una dimensión confesional. 

Fue un concierto menos espectacular que el de Cave, pero precisamente por eso funcionó como contrapunto perfecto: donde Cave exigía entrega, Berninger ofrecía compañía.

Antes de que Cave dominara el Palco NOS, The Royston Club inauguraron el escenario principal con un indie-rock energético. Su repertorio incluyó canciones de Songs for the Spine como “Shivers”, “I’m a Liar”, “Glued to the Bed”, “Mrs Narcissistic”, “Spinning” y “Cariad”, cerrando con una actuación que dejó una buena primera impresión en su debut portugués. 

Después llegaron A Perfect Circle, que pusieron el contrapunto oscuro y pesado. “The Package”, “Weak and Powerless”, “Disillusioned”, “The Doomed”, “Rose”, “Gravity”, “TalkTalk” y “The Outsider” formaron parte de un repertorio compacto, atmosférico y mucho más cercano al metal alternativo que al indie-rock del resto de la tarde. 

La madrugada cambió completamente de registro con Twenty One Pilots. El dúo convirtió el Palco NOS en una fiesta multitudinaria con “Overcompensate”, “The Contract”, “Center Mass”, “Shy Away”, “Heathens”, “Next Semester”, “Tear in My Heart”, “Jumpsuit”, “Nico and the Niners”, “Ride” y “Stressed Out”, además de “Seven Nation Army” de The White Stripes. Josh Dun protagonizó un espectacular número de batería y “Trees” cerró la noche con confeti y una última explosión de comunión con el público. 

En el Heineken, Xinobi aportó electrónica portuguesa con banda en directo y una propuesta especialmente celebrada por su mezcla de bases electrónicas, voces, teclados y guitarras. TOMORA, ya entrada la madrugada, llevó al escenario su electrónica de pulsión experimental, cerrando el Heineken con una actuación intensa.

Y en el WTF Clubbing, junto a Linka Moja, pasaron Maria Lui, Saya Noé, Gui Aly, Rumia, Polo & Pan y Midnight Generation, prolongando la noche hacia terrenos de electrónica, house y pop alternativo. En el Coreto, Deixa Rolá, Neon Soho, Duques do Precariado, Hetta y Rita Maia aportaron una perspectiva más cercana a la escena portuguesa emergente. 

También hubo espacio para Orquestra Maré do Amanhã, Geadas y Diana Vilarinho en el Galp Fado Café, mientras que los escenarios de comedia y literatura ampliaron el festival más allá de la música. 

El primer jueves del NOS Alive 2026 terminó siendo una sucesión de contrastes: la juventud urgente de The Royston Club, la oscuridad de A Perfect Circle, el rock accesible de Dogstar, la electricidad soul de Alabama Shakes, la espiritualidad rock de Nick Cave, la melancolía conversada de Matt Berninger y la fiesta desbordada de Twenty One Pilots.

Pero si hubiera que resumir la jornada en una sola imagen, sería la de Nick Cave bajando hacia el público mientras canta “Into My Arms” y, unas horas después, miles de personas saltando al ritmo de “Trees”.

Dos formas radicalmente distintas de entender un concierto. Dos finales para una misma noche. Y, entre ambos, un jueves de festival que consiguió algo bastante más difícil que reunir grandes nombres: hacer que cada escenario pareciera estar contando una historia diferente.